La muerte por estrangulamiento de la estudiante de la UMAR exige respuestas verificables. Reportes periodísticos señalan otra muerte violenta en la misma dirección, sin evidencia pública que vincule ambos casos.
México.- Zaira Marbeli Hernández Gaspar, estudiante de primer semestre de Relaciones Internacionales de la Universidad del Mar (UMAR), fue encontrada sin vida la noche del martes 3 de noviembre en una vivienda con habitaciones en renta del Sector H3 de Santa Cruz Huatulco. Los dictámenes periciales confirmaron que murió por estrangulamiento. La Fiscalía General del Estado de Oaxaca anunció una investigación bajo el protocolo de feminicidio, pero la información pública disponible no reportaba detenciones ni identificaba a los responsables.
Originaria de Miahuatlán de Porfirio Díaz, Zaira había dejado su comunidad para estudiar. Su asesinato provocó indignación entre estudiantes, familiares y habitantes de Huatulco; integrantes de la comunidad universitaria convocaron a movilizarse para exigir justicia. El anuncio de un protocolo no responde, por sí solo, a esa exigencia.
La Fiscalía, encabezada por Bernardo Rodríguez Alamilla, enfrenta además preguntas sobre el lugar del hallazgo. De acuerdo con información publicada por El Universal Oaxaca y NVI Noticias, el 5 de junio de 2026 fue localizado el cuerpo de Norma Hernández López en habitaciones de renta de la misma dirección donde posteriormente apareció Zaira.
No existe evidencia pública que permita vincular ambos casos. Esa distinción es indispensable, pero no cancela las preguntas: ¿qué diligencias se practicaron después de la primera muerte violenta?, ¿se investigaron las condiciones de seguridad del inmueble?, ¿se identificaron posibles riesgos para otras residentes?
El material disponible también refiere los asesinatos reportados de Perla Areli Mendoza Moreno, el 28 de junio, y Yesenia Revilla, localizada sin vida el 12 de julio. Son cuatro casos de mujeres asesinadas o encontradas sin vida en Huatulco durante 2026, cuyas circunstancias y situaciones jurídicas deben distinguirse. No permiten afirmar una conexión entre ellos, pero sí plantean una exigencia incómoda para las autoridades: explicar qué respuestas de prevención e investigación han dado ante cada caso.
Para la UMAR existe otro antecedente: en octubre de 2024, Hiromi Díaz Cruz, estudiante de Biología Marina del campus Puerto Ángel, fue víctima de feminicidio en el cuarto que alquilaba. Este hecho tampoco acredita una relación con el crimen de Zaira, pero obliga a preguntar qué mecanismos de acompañamiento y seguridad tienen las estudiantes que viven fuera de sus comunidades.
¿Qué avances sustentados en evidencia puede comunicar la Fiscalía y qué protección contempla para posibles testigos? ¿Qué medidas de prevención pueden acreditar las autoridades estatales y municipales, y qué acompañamiento ofrece la universidad? La respuesta debe poder verificarse: anunciar una investigación no equivale a esclarecer el crimen ni a garantizar justicia.
Agencia ANSIC.MX
