El pueblo indígena enfrenta la construcción de un muro fronterizo que fragmenta su territorio ancestral, en medio de acciones legales y protestas pacíficas contra la intervención militarizada y la destrucción de sitios sagrados.
El pueblo Tohono O’odham, que habita en territorio que se extiende entre México y Estados Unidos, enfrenta la construcción del llamado “muro inteligente” promovido por el gobierno de Donald Trump en la frontera entre Arizona y Sonora. Esta infraestructura bipartida, que incluye un muro primario y secundario, ha erosionado su territorio ancestral y destruido sitios sagrados, afectando su soberanía y cultura.
Desde principios de agosto de 2025, se ha registrado la tala de árboles centenarios, incluido un álamo de más de 200 años, donde se realizaban rituales tradicionales. Para proteger estos espacios, miembros del pueblo Tohono O’odham y activistas se congregaron en un campamento llamado O:ṣhad (que significa “jaguar” en su idioma), incluso subiendo a los árboles para impedir su derribo.
La llegada paulatina de ambientalistas, anarquistas y trabajadores de Estados Unidos se sumó a la resistencia, logrando detener temporalmente la deforestación. Sin embargo, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) adjudicaron en diciembre de 2025 contratos por 3,300 millones de dólares para continuar con la obra, que afecta en particular a la Nación Tohono O’odham.
Esta comunidad interpuso en junio de 2025 demandas federales contra el DHS en tribunales estadounidenses, argumentando que la construcción del muro viola su soberanía, confisca tierras legalmente reservadas y destruye sitios culturales protegidos. Aunque solicitaron medidas cautelares para suspender los trabajos, un juez de distrito denegó el recurso, señalando que el gobierno federal tiene la autoridad para esta obra bajo una proclamación presidencial de 1907.
La tensión aumentó con la incursión de agentes federales armados que acompañan a los contratistas en actividades de muestreo del suelo y construcción, lo que la Nación Tohono O’odham considera una violación a su legalidad y autodeterminación. Entre las fuerzas implicadas se encuentran unidades tácticas especializadas y la Oficina de Asuntos Indígenas, reforzando la protección de las obras en el tramo denominado Proyecto Tucson 5.
Además de Arizona, otras resistencias similares han surgido, como el movimiento “¡No Big Bend Wall!” en Texas, que también ha logrado la suspensión temporal del avance de la maquinaria en áreas ecológicas protegidas.
El proyecto Smart Wall contempla la construcción de más de 2,500 kilómetros de muro primario y mil kilómetros de muro secundario a lo largo de la frontera, incorporando tecnología avanzada de vigilancia con inteligencia artificial. Compañías vinculadas al sector de defensa y con contratos gubernamentales suministran sistemas tecnológicos, incluyendo torres de vigilancia autónomas equipadas con sensores térmicos y radares, así como software desarrollado por empresas como Anduril Industries.
Esta expansión tecnológica y militarizada es cuestionada por organizaciones de derechos digitales que alertan sobre la afectación a derechos humanos y libertades civiles, con una vigilancia que impacta a residentes de la región fronteriza más allá del control migratorio.
El pueblo Tohono O’odham se mantiene firme en su resistencia, combinando acciones legales, manifestaciones pacíficas y un fuerte componente espiritual en defensa de su territorio, ante lo que consideran una intromisión ilegal y una amenaza a su identidad y vida comunitaria.
