CDMX: AJOLOTE NO PUEDE MOVERSE SIN ELECTRICIDAD

CDMX: AJOLOTE NO PUEDE MOVERSE SIN ELECTRICIDAD

Satyricon Kriticón / froylanmf@gmail.com

CDMX.- En un acontecimiento que marcará un antes y un después en la historia del transporte mundial, el Gobierno de la Ciudad de México confirmó este día un descubrimiento científico de proporciones monumentales: los trenes decorados con ajolotes, por más emblemáticos que sean de la identidad nacional, requieren cables eléctricos funcionales para desplazarse.

La revelación se produjo cuando la catenaria del Tren Ligero —ese cable ancestral que data de épocas en las que la palabra ajolote aún no formaba parte del discurso oficial— decidió interrumpir su servicio en el tramo Taxqueña-Estadio Azteca, dejando varadas ocho estaciones y a miles de usuarios que, evidentemente, no habían comprendido la complejidad técnica de la movilidad urbana del siglo XXI.

El Servicio de Transportes Eléctricos, en un despliegue de ingeniería social sin precedentes, activó el protocolo de emergencia consistente en sustituir trenes ligeros con trolebuses, demostrando así que la solución a la infraestructura obsoleta es, naturalmente, más infraestructura obsoleta. La maniobra fue calificada por expertos como un ejemplo magistral de pensamiento circular aplicado al transporte público.

Mientras tanto, el tramo sur de la línea continuó operando con normalidad entre Huipulco y Xochimilco, lo que permitió a los ciudadanos de esa zona apreciar en todo su esplendor los diseños de anfibios endémicos sobre rieles que, por alguna razón inexplicable, aún cuentan con suministro eléctrico. Las autoridades no han explicado esta anomalía geográfica.

Fuentes cercanas al gobierno capitalino confirmaron que la estrategia de modernización del transporte público contempla tres fases claramente definidas: primero, adquirir unidades nuevas en el extranjero; segundo, decorarlas con fauna en peligro de extinción; y tercero, esperar pacientemente a que la infraestructura de 1986 decida cooperar con el proyecto de nación.

La administración de Morena en la capital reiteró su compromiso inquebrantable con la identidad nacional y la iconografía lacustre, subrayando que el hecho de que los cables se rompan no debe empañar el logro estético de haber convertido al transporte público en una galería de arte rodante. O no rodante, según sea el caso.

En redes sociales, los usuarios manifestaron su profunda admiración por la capacidad del gobierno de priorizar lo verdaderamente importante: que los trenes se vean bonitos, aunque no se muevan. Varios expertos en semiótica urbana coincidieron en que un ajolote inmóvil es, después de todo, una metáfora perfecta del estado actual de la movilidad en la capital.

Las labores de reparación del cableado continuaban al cierre de esta edición, mientras los técnicos trabajaban contra reloj para que los anfibios decorativos puedan volver a cumplir su función primordial: ser fotografiados por funcionarios en ceremonias de inauguración.